Continúa la disputa por la marca App Store

GetJar argumenta tener la marca desde el 2005 cuando el iPhone solo era un proyecto en la mente de Steve Jobs.

"Nuestra tienda de aplicaciones funciona desde 2005, cuando el iPhone solo era un proyecto de investigación y desarrollo en la cabeza de Steve Jobs". Esta es la respuesta del responsable de mercadotecnia de GetJar a la petición de Apple para que su compañía deje de usar la marca App Store (tienda de aplicaciones, en inglés).

Creado en 2004, GetJar ofrece a los desarrolladores una plataforma para vender programas y juegos para móviles directamente al consumidor. El servicio, creado en Lituania en 2004 pero asentado en California, se ha convertido en la última víctima de una guerra entre los grandes de la industria tecnológica por una marca vinculada al floreciente negocio de las aplicaciones móviles. Solo en la tienda de Apple ya se han descargado más de 15.000 millones, gratuitas y de pago. En su independiente competidor, 150.000.

Antes de ir a por GetJar, la empresa de Jobs demandó a Amazon por exactamente lo mismo en marzo. Apple alegó que el empleo de App Store confundía a los consumidores y pidió al juez que obligara a la tienda virtual a retirar la marca con la que vendía aplicaciones para teléfonos Android. El juez, sin embargo, ha rechazado esta misma semana aplicar la medida cautelar, porque considera que Apple no ha documentado la supuesta "confusión". El culebrón, pues, continuará en los tribunales en un juicio previsto para el año próximo.

Microsoft, por su parte, planteó en enero pasado a la oficina de patentes y marcas de Estados Unidos que la empresa de Jobs no podía usar el término porque era demasiado "genérico". Entonces Apple replicó que el querellante también registraba palabras comunes para bautizar y vender bajo marca sus productos, como Windows para su sistema operativo u Office para el paquete de aplicaciones ofimáticas para la oficina.

En cualquier caso, si bien Apple registró el término App Store en 2008, la concesión definitiva todavía está pendiente de su aprobación por las autoridades de la oficina estadounidense, que dilucidan a quién dan la razón.

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