Centroamérica pierde independencia energética

El uso de fuentes de energía renovable para generación eléctrica en Centroamérica ha disminuido en los últimos 20 años.

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De acuerdo con José María Blanco, Director de la Fundación Red de Energía (BUN-CA), en la década de los años ochenta el 75 por ciento de la electricidad se generaba con fuentes renovables (principalmente hidroelectricidad), pero en la actualidad esa cifra ha bajado al 50 por ciento.

“La participación histórica de la energía renovable para generación eléctrica en el Istmo centroamericano ha venido disminuyendo; es decir, la región ha venido perdiendo independencia energética. A nivel regional la tendencia hasta el 2006 -excepto por Costa Rica- ha sido aumentar la capacidad instalada mediante la construcción de plantas eléctricas alimentadas por combustibles fósiles importados”, ilustró el Director de BUN-CA.

En la actualidad existen varias barreras de tipo técnico -por ejemplo, la falta de datos confiables- que le impiden a la región aumentar el aprovechamiento de sus recursos eólicos, hidráulicos y solares.

Además, la falta de capacidad de las líneas de transmisión atentan contra el desarrollo de las “tecnologías limpias” porque muchos proyectos de energía renovable están localizadas  en zonas geográficas donde se carece de tendido eléctrico para transportar la energía de las plantas de generación a los centros de consumo. 

“Otro tipo de obstáculos para incentivar las fuentes renovables tiene relación con las dificultades en las regulaciones como; por ejemplo, plazos demasiado cortos para los contratos de compra de energía porque en su estructuración financiera, los proyectos de energía renovable tienen altos costos de inversión y bajos costos de operación; o sea, ocupan altos niveles de financiamiento inicial y largos períodos de repago”, indicó Blanco.   

Nuevas oportunidades    

En los últimos años el rechazo social –y ambiental- para el desarrollo de grandes proyectos hidráulicos en vista del impacto en las comunidades aledañas y las consecuencias en los ecosistemas abre un nuevo espacio para que se consideren iniciativas de generación eléctrica más amigables con el ambiente, como es la energía eólica y el aprovechamiento de los recursos biomásicos, como el biogás de los rellenos sanitarios, y desde luego, el uso eficiente de la energía. 

“La volatilidad del precio de petróleo en el mercado internacional provoca que los decisores de política energética hayan comenzado a reaccionar para precisamente aprovechar el potencial que tiene la región en energía renovable”, precisó Blanco.   

Según datos recopilados por BUN-CA en Centroamérica existe un potencial para el  desarrollo de un portafolio de inversiones con fuentes renovables de energía estimado en unos 31 000 megavatios .

Esa Fundación estima que en el Istmo el potencial más importante sería el de tipo hidroeléctrico (60%), seguido por la energía eólica (30%) y la geotermia (9%).  “Las inversiones en energía renovable para generar electricidad disminuyen las importaciones de combustibles fósiles, como son el carbón mineral, el diesel y el bunker.

Los beneficios directos para las economías centroamericanas están relacionados con la reducción de la factura petrolera y con la mitigación del cambio climático porque que evitan la emisión de gases efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global”, añadió el Director de BUN-CA. 

En Centroamérica la demanda de electricidad crece aproximadamente un 5 por ciento anual que equivalen a unos 550 MW para mantener la calidad del servicio y satisfacer las necesidades de nuevos clientes residenciales, industriales y comerciales.

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