El desafío global energético

Neil Rasmussen, VP de Innovación de Schneider Electric, deja claro que el futuro del planeta está en manos de la reducción y el mejor manejo de la energía.

Neil Rasmussen

Neil Rasmussen, VP de Innovación de Schneider Electric.



Numerosos estudios científicos apuntan por todos lados que si no cambiamos la forma en que vivimos tendremos que pagar crudas consecuencias.

Los augurios que se desprenden de las investigaciones confirman que no podremos sostener la carga que significan estas transformaciones; desde los cambios en el nivel del mar hasta la gigantesca cantidad de energía que sustenta a nuestras civilizaciones.

Y, aunque el problema es de todos, mientras más grande sea la empresa o la compañía, mucho mayor es el gasto y la inversión en energía para mantener.

Las tendencias del momento, por lo pronto, están asumiendo diversos papeles a la hora de emprender el trabajoso papel de cambiar el porvenir del medio ambiente.

Los carros, por ejemplo, han permutado lentamente en su diseño, pero también debe cambiar la mentalidad del comprador. En este sentido, la crisis económica global ha transformado la percepción capitalista a una más modesta que va muy bien con los tiempos verdes que debemos acoger. Por ello es tan importante comprender los avances científicos que ya se conocen en esta área.

Recientemente, en una presentación titulada: “El reto global energético” (The Global Energy Challenge), Neil Rasmussen, vicepresidente de innovación de la compañía Schneider Electric, desarrolló los numerosos y significativos elementos que entran en juego a la hora de comenzar a cambiar la forma en que gastamos energía.

Con una clara reflexión: "La energía es invisible. Necesitamos hacerla visible", Rasmussen desnuda una gran verdad: nuestro accionar diario está estrechamente relacionado con la energía, aunque a veces ni siquiera nos detengamos a pensar en ello o no sea palpable.

Rasmussen introdujo los problemas y las soluciones logradas hasta el momento, iniciando con la ecuación de Ehrlich, “I = P x A x T”, que ha permitido que la ciencia pueda medir el impacto humano en el ambiente, algo muy importante, pues sólo conociendo la cantidad de huellas de carbono que todos dejamos al movernos, podremos resolver una forma de evitar contaminar tanto y por todos lados.

Esta ecuación le pone números a la polución individual, empresarial y grupal, entre otras, y ayuda a los investigadores a calcular la cantidad de contaminantes que cada uno contribuye. Pero también permite que pensemos en la forma de disminuir este proceso, ya que revertirlo completamente es casi una imposibilidad.

Más aún, la ecuación, con sus componentes que se lee: Impacto igual a Población por Afluencia por Tecnología (I = P x A x T), admite formular predicciones hacia el futuro, especialmente si jugamos con sus unidades, es decir, cómo serán las cosas si agregamos una cantidad significativa de tecnología efectiva (o de afluencia y población) a la hora de reducir la cantidad de energía que consumimos.

También ofrece predicciones sobre la cantidad de tecnología sucia que hay que limpiar para lograr reducciones necesarias para el año 2050.

Otro detalle esencial en el uso de este algoritmo es que integra la variable del costo, es decir, el dinero, un elemento significativo a la hora de invertir en menos gastos de energía y que ésta sea más limpia. De hecho, las nuevas tendencias en el medio se encuentran en la unión de la mentalidad ecológica con la economía.

Ciertamente, como van las cosas, aquel que no cambie para lo verde tampoco tendrá muchos de los verdes para gastar.

Pero más allá de una buena inversión, trabajar en función del medio simplemente salvará nuestras vidas. Rasmussen explica que las predicciones sobre la elevación del nivel del mar a cuatro metros para el año 2100 han sido subestimadas y es posible que las cosas sean peores. La solución, a un problema de tal magnitud, no es una sola.

De hecho, existen tantas áreas donde trabajar que se necesita de un gran equipo en cada una. El ejecutivo de Schneider explicó, interesantemente, que la industria y los edificios son, en la actualidad, los contribuidores número uno de emisiones de CO2, tres veces más que los automóviles. De hecho, 44% se debe a edificios e industria.

Más aún, explica el ejecutivo, el 70% de la energía generada en estos lugares proviene de carbón o hidrocarburos y el 90% de calor y de hidrocarburos que se desprenden de la quema de ellos.

Por ello, la tecnología ha desarrollado varias formas de controlar el ahorro y la distribución de energía en los edificios.

Rasmussen presenta estos prototipos como el “Prius” de los edificios, un espacio donde la energía natural del medio es capturada en ciclos que actúan eficientemente en el ahorro y la distribución de la electricidad. Sencillos cambios arquitectónicos pueden ser implementados para obtener industrias mucho más eficientes y reducir sus huellas de carbono.

“El problema de las emisiones de carbono de edificios es global”, afirma Rasmussen, “de hecho, los edificios representan consistentemente el 30% del total de las emisiones globales”.

El reto es el corte que se requiere de cada país y de cada individuo. Tome en cuenta, por ejemplo, los curiosos números que Rasmussen presenta: al lavar y secar una toalla de baño se crea un kilogramo de CO2 y producir una hamburguesa genera 6 kilogramos de CO2, piense, entonces, en la cantidad de toallas y hamburguesas que lavamos y comemos cada día en todo el mundo.

Por eso el ahorro es importante para contrarrestar. Si economizamos un kilovatio de electricidad se traduce a un ahorro de 3,000 kilogramos de CO2 por año. Un impresionante retorno.

Para mejorar el gasto en la energía, explicó Rasmussen, es preciso mejorar la eficiencia en numerosas variables, desde el diseño de los edificios, los dispositivos que los conforman, la automatización de los sistemas de estos inmuebles hasta la configuración de esos mismos sistemas y la educación de las personas que los utilizan y viven en ellos.

“La reducción más dramática en las emisiones de gases de efecto invernadero vendrán de la conservación eficiente de energía”, dijo el doctor Steven Chu, Secretario de Energía de Estados Unidos.

Rasmussen muestra que es en la regulación de los electrodomésticos y los productos electrónicos que tanto usamos, donde se puede ahorrar una cantidad importante de energía. En los edificios, la adaptación de distintos subsistemas proveerá con una eficiente manera de controlar el consumo de la energía.

La meta de muchos es ahora construir el edificio de “energía neta cero”. Para conseguir este objetivo, las compañías de generadores de energía y otros equipos, jugarán un importante papel.

“La meta en Schneider Electric es hacer visible a esta energía invisible mediante el control, el manejo, la distribución, la automatización y la medida de su uso. Mediante la instalación de sistemas con este fin, es posible manejar hasta un 72% del consumo de la energía del usuario final, para ello trabajamos apoyando la construcción de plataformas de emisiones cero, como la estación de investigación la Princesa Elizabeth en Antártica”, concluyó el ejecutivo de Schneider.

Así, Schneider Electric vuelve a dar un paso al frente a la hora de encarar una realidad que preocupa a muchos y que puede marcar, de manera definitiva, el curso de los tiempos.

Sin etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *