Nihilismo de la Web

La vanalidad, lo irrelevante y la permanencia en la esfera de lo virtual, impiden que logremos saber quiénes somos.

Juan Carreón

 

Entre los analistas de la cibercultura destaca Hubert Dreyfus*, quien afirma que el anonimato y la curiosidad vana característicos de los ciberusuarios afectan su responsabilidad y compromiso, lo que a la postre amplia el nihilismo característico de nuestra época. Nietzsche dixit.

Dreyfus se apoya en la crítica que el filósofo Soren Kierkegaard realizara en contra de la prensa a mediados del siglo XIX que, al igual que la Web actual, privilegia la promoción de dos ámbitos nihilistas de la existencia: el estético de rechazo al compromiso (y que se desenvuelve sólo en las categorías de lo interesante y lo aburrido); y el ético que, si bien emplearía ahora la Red para establecer y darle seguimiento a compromisos (frente a la facilidad que ofrece para hacerlos, cambiarlos y romperlos), conduce finalmente a la desesperanza.

Sólo en lo que Kierkegaard denomina el ámbito de lo religioso (o sea, lo que se presenta en la esfera del riesgo de asumir un compromiso incondicional, con alguien o con una causa), es factible de superar el nihilismo; sin embargo, dicha prioridad es afectada por la carencia de riesgo del mundo simulado que ofrece Internet, que captura todo, con excepción del riesgo.

En la Web donde existen grupos para todo, en los que no se demanda ninguna calificación para pertenecer a ellos y donde cualquiera puede expresar anónimamente cualquier opinión acerca de lo que sea, es difícil propiciar el desarrollo humano, el cual sólo se genera al asumir los riesgos derivados de un compromiso apasionado, tanto con los éxitos como con los fracasos.

De ahí que en un ambiente en el que predominan los comentaristas con opiniones desapasionadas y sin compromiso, nunca existen errores o éxitos verdaderos ni tampoco aprendizaje auténtico. Es un ambiente motivado sólo por lo interesante versus lo aburrido, donde la emoción de navegar es con un compromiso apasionado y anónimo, con una curiosidad infinita hacia lo hot y cool en el mundo virtual, pero no en el real.

En la Web cambia la identidad del cibernauta, volviéndose fluida y en construcción permanente, en constante experimentación y consecuencias mínimas, lo cual finalmente resulta sumamente aburrido y entra en contradicción con la necesidad de equilibrio, de estabilidad y de consistencia, la cual puede satisfacerse de diferenciar lo trivial de lo importante. De ahí la necesidad de transitar a una esfera ética, en la que se adquiera una identidad mediante el compromiso con un propósito.

La Red puede contribuir, al ser un acervo enorme de recursos invaluables, a establecer misiones y metas; sin embargo, el surgimiento de grupos de interés comprometidos que emplean la red para conducir sus propósitos a un horizonte de posibilidades ilimitadas, termina en su multiplicidad por ser paralizante y desesperante.

Compromiso incondicional

Sólo cerrando dicho horizonte mediante un compromiso incondicional, apasionado y riesgoso, con sólo una persona, un grupo o una causa, y que permite no solo transferir al mundo real lo que se aprende en la Red, sino diferenciar lo significativo de lo irrelevante, es que logramos saber quiénes somos.

Por supuesto que dicho compromiso es riesgoso, pues podría uno comprometerse con una causa fallida o ser abandonado por la persona; sin embargo, sólo cuando se confronta, lo que Kierkegaard denomina “el peligro y el juicio severo de la existencia”, se comprueba que se ha adquirido dicho compromiso.

*Hubert Dreyfus, Kierkegaard on the Internet; Anonimity vrs. Commitment in the Present Age, The Department of Philosophy, University of California, Berkeley, 2004,

http://socrates.berkeley.edu/~hdreyfus/html/paper_kierkegaard.html

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