Efectos impensados de la Web

En la actual contienda por la Casa Blanca en Estados Unidos, la nueva tecnología es tanto el medio, como el mensaje.

Juan Carreon

Por Juan Carreón

Entre los pronósticos relacionados con la actual campaña por las nominaciones a la presidencia de Estados Unidos está el de que las nuevas tecnologías definirán inéditas en su desarrollo y resultados, en una continuación del proceso iniciado en la elección del 2000.

La incidencia del uso de la Web como arma política ha transformado las campañas electorales; no sólo debido a que hace vulnerables a los candidatos hasta el día mismo de las elecciones, sino a que acelera la demanda de reformular las reglas políticas relacionadas con la publicidad, la obtención de fondos, la movilización partidaria, la respuesta a ataques e, incluso, la naturaleza de los debates entre los contendientes.

Según Joanne Myers, directora del Public Affairs del Carnegie Council: blogs, podcasts, MySpace, Facebook y YouTube estarían acercando la ciudadanía estadunidense hacia la democracia directa imaginada por Jefferson, en la cual la gente elabora sus propias decisiones independientemente de donde se localice y de limitaciones ancestrales de comunicación, ya que el “empoderamiento” que las nuevas tecnologías de información y comunicaciones otorgan a los electores, les permitirían involucrarse más y asumir un mayor control del proceso electoral.

Para el legendario Garrett Graff*, primer Webmaster en la legendaria campaña de Howard Dean, en la actual contienda por la Casa Blanca la nueva tecnología es tanto el medio, como el mensaje. Por supuesto, dicha nueva realidad no es exclusivamente estadunidense, sino una nueva realidad mundial que se expresa en multitud de hechos como en los 33,000 millones de mensajes de texto emitidos en China en las celebraciones de Año Nuevo; o en los inteligentes videos Web de al-Qaeda dirigidos al mundo entero, imposibles de filtrar por ninguna agencia de inteligencia gubernamental.

En la actual campaña electoral estadunidense, la especificidad del empleo de la Web estaría permitiendo recuperar una calidad personal e individual en la lucha por la presidencia, la cual estuvo ausente en la era del predominio exclusivo de la televisión.

Con la proliferación de cámaras de video portátiles y de celulares con capacidad de video, los candidatos están obligados a medir sus palabras, ya que la actual es la primera campaña donde YouTube está disponible para hacer transparente cualquier dicho o acto infortunado de cualquiera de los candidatos.

La actual es una era plural que permite que candidatos como el demócrata John Edwards anuncien su candidatura, mediante mensajes de texto, sitios Internet, bloggers y usuarios de YouTube, con una frescura y eficacia insólitas, impensables en la era previa de los boletines oficiales de prensa.

Algo parecido sucedió con Barack Obama, un desconocido, cuando informó mediante correo electrónico acerca de su interés por la nominación demócrata. Al dar click en un link vieron a Obama anunciarla mediante un video de tres minutos, algo impensable en la era de los costosísimos spots televisivos de no más de 30 segundos. Fue después secundado por un video similar de Hillary Clinton.

Más allá de la televisión

Cada vez más videos en línea, teléfonos celulares, blogs y sitios de redes sociales se habrían vuelto medios ciudadanos poderosos en la creación de una nueva infraestructura política que va más allá de ser sólo una plataforma para atacar, sino que sean más creativas y dejen de ser el privilegio de reducidos e inveterados grupos ancestrales capaces de comprar onerosos anuncios televisivos en cadenas noticiosas de alcance nacional en lapsos privilegiados. ¿Sería así?

Quizá, la respuesta rápida fuera la lucha por la nominación demócrata, en primer lugar, por qué tanto se vea afectada la eventual nominación de Hillary Clinton (la candidata del “Big Money” y la que más se apoya en medios convencionales) por la campaña de Barack Obama, debido al uso mayor de los nuevos medios; o, en segundo lugar, por qué tanto impacte John Edwards, el candidato que más y mejor los ha empleado, sea nominado o no.

La campaña presidencial está más “ciudadanizada”; ¿lo estarán política y democracia? Todo anuncia que sí.

*Garrett Graff, The first campaign: globalization, the web, and the race for the White house. Publisher: Farrar, Straus and Giroux, Nov 27, 2007.

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