Compartir para Competir

juan-carreon-41k.jpgLas fuerzas que convierten la Web en un espacio de trabajo colaborativo, transforman la ciencia en un esfuerzo abierto; por eso se habla ya de la Ciencia 2.0.

Se transforma la práctica científica de modo parecido a como hace cerca de 250 años se modificó con el surgimiento de la Revolución Industrial, pero ahora como parte de un movimiento empresarial guiado por la voluntad de mejorar los beneficios relacionados al desarrollo de nuevas y mejores capacidades (compartidas, distribuidas y transparentes) de manejo de la información, afirma Antonio Lafuente, creador de  tecnocidanos, neologismo de tecnociencia y ciudadanos. (“Nuevo paradigma social: compartir para competir”, en http://weblogs.madrimasd.org/tecnocidanos/archive/2007/03/07/60596.aspx).

Dicha práctica científica está sustentada en el modelo de investigación y desarrollo afinado por Vannevar Bush, consejero científico del presidente estadunidense Franklin Roosevelt hacia finales de la Segunda Guerra, y apoyado en la visión de que la investigación básica debe ser una fase diferente y separada (y realizada principalmente en universidades) de las actividades de desarrollo orientadas a traducir descubrimientos en nuevos productos y servicios a cargo de la industria.

Si la actividad de los investigadores se medía por el número de publicaciones y patentes registradas, ahora los investigadores se han convertido en mercenarios intelectuales de equipos de producto orientados a resolver necesidades inmediatas, afirma The Economist (“Out of the Dusty Labs”, 1/III/07), haciendo a menudo indistinguible la investigación del desarrollo.

En la industria de tecnología de información y comunicaciones, este cambio es aún más intenso y acelerado donde la innovación procede con más frecuencia del software que del hardware; los costos de cómputo son relativamente bajos y acelerados los de desarrollo, más aún cuando se emplea Internet en éstos.
Eso explica por qué el límite entre investigación y desarrollo es más evanescente para empresas basadas en la Web, donde la competencia es feroz y los lapsos al mercado son casi instantáneos.

La exacerbación de tales situaciones ha conducido a que otro de los grandes cambios en la práctica actual de la ciencia sea el de que algunas empresas compartan, tanto con amigos, como con enemigos, parte de sus conocimientos más preciados, como ha sido el caso reciente de la farmacéutica Novartis, la cual, luego de invertir cifras multimillonarias en el desciframiento de la base genética de la diabetes tipo 2, liberó en Internet todos sus datos sin refinar.

Sencillamente, traducir la identificación de genes relacionados con la diabetes (el primer paso dado por Novartis) en la invención de nuevas medicinas, sólo puede lograrse mediante un esfuerzo global que rebasa las capacidades de cualquier empresa, por grande que sea.

La colaboración global propiciada por empresas como Novartis es sólo uno de muchos ejemplos recientes de la profunda transformación por la que la ciencia y la invención atraviesan.

Así como durante la Ilustración, hace más de dos siglos, se propició un nuevo modelo de creación de conocimiento, las mismas fuerzas que convierten a la Web en un espacio masivo de trabajo colaborativo, contribuyen a transformar el dominio de la ciencia en un esfuerzo cada vez más abierto y colaborativo.

Documentos vivientes
Por su parte,  los científicos (al mismo tiempo que la colaboración científica a gran escala se vuelve una norma de actividad) se apoyan crecientemente en métodos distribuidos de recolección de datos, verificación de descubrimientos y pruebas de hipótesis, no sólo para acelerar el proceso de investigación científica, sino para mejorar la veracidad del propio conocimiento científico. Por ejemplo, la publicación rápida e iterativa, con acceso abierto, involucra una proporción mayor de la comunidad científica en el proceso de revisión mediante pares (peer-review).
A la vez, las publicaciones científicas en papel se incrementan significativamente mediante herramientas dinámicas de publicación, tales como blogs, wikis, “Web-enabled RSS feeds” y podcasts, que transforman las publicaciones científicas en documentos vivientes, afirman Don Tapscott y Anthony D. Williams en “The New Science of Sharing” (BusinessWeek, 2/III/07).

Los hechos mencionados dan paso a lo que algunos comienzan a denominar Ciencia 2.0. No puede ser menos.

Autor: Juan Carreón, profesor titular de Sistemas Inteligentes en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); su correo es Juan.Carreon@gmail.com

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